El mindfulness: ¿Es una práctica transcultural?

miércoles, 7 de marzo de 2018

El mindfulness: ¿Es una práctica transcultural?



El mindfulness: ¿Es una práctica transcultural?
Una semilla de clavo, ¿y por qué no?

¿Has ‘escuchado’ o ‘leído’ la palabra mindfulness en los últimos días? Depende del lugar en el que vivas.  En España, se publican a diario muchos artículos sobre este tema y el mío no es la excepción. Esta mañana en mi feed de linkedin, uno de los primeros artículos que visualicé hablaba del mindfulness en el mundo de la empresa.  

No es algo baladí que un término se ponga de moda o se convierta en tendencia. Tenemos la sensación de que algunas cosas surgen como la espuma, que aparecen de la noche a la mañana, que son producto de la maquinaria de la publicidad o que son un simple acto de magia. Lo cierto es que se necesitan años y en algunos casos siglos, para que se verifiquen los beneficios de determinadas prácticas en diferentes países del mundo.

El mindfulness es una práctica que proviene del budismo y que cuenta con más de 2,500 años de antigüedad. Esta palabra se traduce al español como “atención plena”. Desde la psicología se define como: “la concentración de la atención y la conciencia”. En otras palabras es estar en el “aquí y en el ahora”.  

En occidente empezamos a utilizar esta práctica hace aproximadamente treinta años, en parte por el avance de las nuevas tecnologías que hacen que perdamos la atención debido al bombardeo de información que recibimos de forma constante: whatsapps, llamadas telefónicas, redes sociales y por supuesto, por falta de entrenamiento de nuestra fuerza de voluntad.

No se puede negar que el ritmo de vida actual es más frenético que en otras épocas. Sin embargo, aunque parezca contradictorio, los budistas al vivir en el presente, se anticiparon al futuro y crearon una técnica que estará vigente durante muchos siglos más. 

Practica del mindfulness en oriente y occidente

Los budistas practican el mindfulness para potenciar los estados creativos, para pensar con mayor claridad, reflexionar antes de juzgar a nuestros semejantes, valorar las situaciones, gestionar las emociones y disfrutar lo que están haciendo en cada instante.

En las sociedades occidentales uno de los usos más comunes es disminuir el estrés y la ansiedad. Es importante parar la mente y detenernos para observar lo que estamos haciendo, y de esta manera, evitar convertirnos en seres rutinarios y autómatas. 

Hace un par de semanas, descubrí con asombro que,  aun siendo un día festivo salí acelerada de casa ¡como si tuviera que llegar con extrema puntualidad a un lugar!. Y sin embargo, no me esperaba nada, ni nadie. De forma inconsciente, estaba reproduciendo el ritmo agitado que llevo durante la semana.

El mindfulness, ¿es una práctica transcultural?

El mindfulness se ha extendido en muchos países occidentales. En Latinoamérica, se conoce en entornos en los que se trabaja la reducción del estrés y de la ansiedad. En Europa y los países anglosajones, se ha introducido en todos los ámbitos de nuestra vida: en el trabajo, en el ámbito educativo, en empresas y hasta en estamentos gubernamentales. 

Por esta razón, no me extraña haberme encontrado con técnicas de mindfulness en un curso de Comunicación Intercultural que realicé en el la Shanghai International Studies University (SISU).

La profesora Ting-Toomey considera que para tratar con personas procedentes de otra cultura debemos adoptar un estado de plena conciencia con el objetivo de modular nuestra  sensibilidad, escucha, empatía y observación ante comportamientos incomprensibles en nuestra propia cultura. 

“Para entender, aprender y re-aprender una interpretación cultural distinta a la nuestra debemos profundizar a través de los cinco sentidos”. 

Practicar la atención plena en entornos diversos requiere que miremos hacia adentro y abramos nuestra mente a nuevas perspectivas. 

 El fin es pasar de ser etnocéntricos (pensamos que nuestra cultura es la mejor) a ser  etnorelativistas (pensamos que otras culturas también nos pueden aportar beneficios) y entender nuevos marcos de referencia.

Los cinco componentes clave de la atención plena

Según Toomey, la atención plena tiene cinco componentes clave:

Conciencia: estoy presente en cada momento (dónde, con quién, cómo, cuando, por qué, para qué).

Metacognición: soy consciente de lo que pienso (estoy con una persona con una manera de pensar distinta a la mía e interpreto que: ¿mi postura es mejor que la suya? ¿somos iguales? ¿su postura es mejor que la mía? ).

Cognición: soy consciente de lo que sé (conozco una parte de la realidad pero eso no significa que soy dueño de la verdad).

Monitoreo efectivo de nuestras emociones: soy consciente de mis sentimientos y emociones (¿me siento incómodo, feliz, triste, enfadado, irritable con lo que estoy viendo en el otro?)

Metacomunicación: soy consciente de lo que comunico (por medio de la observación y la empatía me doy cuenta de lo que estoy transmitiendo a la otra persona).

Si pones en práctica los cinco componentes de la atención plena te convertirás en una persona con una comunicación intercultural consciente, orientada al momento presente, con flexibilidad cognitiva, afectiva y conductual. 

Está claro que el papel lo aguanta todo pero  en nuestra vida cotidiana aceptar las diferencias no es una tarea fácil. Mucho menos, estar atentos, sensibles, no tener  prejuicios y estar listos para responder e interactuar de forma apropiada. 

Ahora en este momento, lo que importa es que hayas leído atentamente lo que te he contado y que lo vayas poniendo en práctica poco a poco.

Mi amiga rumana, Liliana Tatulea me enseñó un secreto para ser consciente del momento presente. “Te pones una semillita de clavo entre el labio y la encía inferior sin masticarla durante un tiempo”. ¿Crees qué funciona? ¡Pruébalo!

Mercedes Valladares Pineda
Psicóloga Experta en Coaching Transcultural

ACERCA DE LA AUTORA

Mercedes Valladares Pineda, trabaja en Madrid de forma presencial. Y a través de plataformas on line, a nivel internacional. Facilita procesos de coaching personal, de negocios y formación a medida "one to one" y para empresas. Utiliza la cultura y la psicología como dos herramientas que se retroalimentan mutuamente. Por ello, facilita procesos a personas que quieran adaptarse a diferentes culturas, aumentar su autoestima cultural y aprender a gestionar la ansiedad y el estrés cultural. Asimismo, ayuda a parejas mixtas a superar las barreras culturales que les dificultan su comunicación. Ha creado su propio modelo de trabajo inspirado en la Psicología Humanista y el respeto a los Derechos Humanos. Trabaja con expatriados, cooperantes internacionales, organismos internacionales, ONG, escuelas de negocios, universidades, diplomáticos, cónyuges de diplomáticos y familias de expatriados que necesitan orientación en una nueva cultura.


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