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jueves, 23 de noviembre de 2017

Webinar: Autocuidado emocional en el sector de la ayuda humanitaria

http://aicp.es/jornadas-online/autocuidado-emocional-en-el-sector-de-la-ayuda-humanitaria

Webinar: Competencias interculturales en los procesos de coaching

https://vimeo.com/171634837

Webinar: El coaching como herramienta para trabajar equipos virtuales multiculturales

http://aicp.es/webinars/el-coaching-como-herramienta-para-trabajar-equipos-virtuales-multiculturales

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Procrastinadores en el mundo


“Procrastinadores en el mundo”

Hace algunos años, la palabra procrastinación en España era una desconocida y para algunas personas  resultaba complicado pronunciarla. Yo la escuché por primera vez cuando un amigo se autodefinió como procrastinador. Al buscar su significado comprendí que se refería al famoso proverbio: “no dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy”.

En 1995 leí un libro llamado: “El Hábito de Postergar” escrito por Jane Burka y Leonora Yuen. Me pareció interesante porque me sentí identificada en muchos aspectos. En el año 2010, me inscribí en un taller para la Reducción de la Procrastinación, impartido por el coach Jaime Bacás. Aún resuenan en mis oídos las palabras admonitivas de Jaime: “tómate tu tiempo  porque quiero que en mi taller solo participen personas que rechacen su hábito de procrastinación”.

Nunca le pregunté a Jaime cuantas personas se habían interesado en su taller, lo cierto es que nos apuntamos solamente cuatro.

Luego, en el 2011 en un curso de “Formador de Formadores”, elegí para mi presentación final hablar sobre procrastinación. En aquel entonces, el diccionario de la Real Academia Española (RAE) no había admitido esta palabra que viene del latín procrastinare: pro (adelante) y crastinus (referente al futuro) que significa dilatar, postergar, aplazar, diferir, retrasar, o demorar alguna actividad.

La razón que hace que la procrastinación tenga un estigma negativo y que algunos  investigadores la consideren, enfermedad o  patología obedece a que aplazamos “sine die" actividades que son cruciales para nuestro desarrollo. 

Por esta razón, se habla de síntomas de la procrastinación relacionados con trastornos psicológicos como la ansiedad, la depresión y el trastorno por déficit de atención.

En el 2012 impartí un taller sobre procrastinación en una escuela de coaching y su directora me invitó de manera cordial a que no la incluyera en el glosario de las patologías porque el coaching no aborda problemas psicológicos.  

En el 2013  me dijeron en una empresa privada que se sentían muy orgullosos de no tener empleados procrastinadores. “Nosotros, no padecemos ese problema”, - apuntó con aseveración una responsable de recursos humanos.  

El psicólogo canadiense Timothy Pychyl, adscrito a la Universidad de Carlton, Ottawa, dice que “procrastinamos para sentirnos bien”. Y agrega, que es una contradicción porque  captamos que estamos haciendo algo que nos gusta y al mismo tiempo nos irrita no hacer lo que tiene importancia desde la perspectiva de nuestro bienestar.

 ¿Cuáles son las actividades cruciales de nuestra vida que podemos postergar?

Las hay en todas las áreas de nuestra vida. Las más evidentes son las de nuestro ámbito laboral.  ¿Te ha ocurrido cuando sabes  que tienes que entregar un informe a final de mes? Los días pasan y a pesar de que tienes esa tarea pendiente no la haces. Una semana antes sientes ansiedad e incluso puedes  perder el apetito. El día anterior a la entrega no duermes hasta que la concluyes. Entonces, cambias tus hábitos de sueño y de alimentación, tu pareja se enfada contigo y tu jefe se siente insatisfecho porque es probable que los resultados no sean óptimos.

Las explicaciones que se han encontrado al hecho de que procrastinemos son muchas. El psicólogo canadiense y profesor organizacional de la Universidad de Calgary Piers Steel, la achaca al uso de los ordenadores y los móviles. En broma se dice que cuando procrastinamos navegando en internet, intercrastinamos. Otros apuntan que procrastinamos porque no sabemos gestionar el tiempo y no planificamos de forma adecuada nuestras actividades.

Hay otras disquisiciones que tienen que ver con rasgos de la personalidad o la gestión emocional. Por ejemplo, se cree que son más proclives a procrastinar los perfeccionistas porque tienen miedo a cometer errores;  las personas que tienen baja autoestima y son dependientes, y por lo tanto, su necesidad de aprobación les impide avanzar; y las personas que son impulsivas y tienden a actuar de forma inmediata, cuando sienten un deseo, señala Steel.

Laureano David y Angarita Becerra, en el artículo “Los Procesos Básicos de Motivación y Memoria” (Revista Iberoamericana de Psicología, Ciencia y Tecnología en el año 2014), señalan que se procrastina porque se producen fallas entre la motivación, la memoria, los mecanismos regulatorios y de autocontrol de la conducta y otros procesos de aprendizaje.

¿La procrastinación es una epidemia mundial?

En 1998 Leon Mann, científico conductual, de la Universidad de Melbourne publicó en la Revista Internacional de Psicología, un estudio sobre “toma de decisiones”.  Los participantes provenían de tres culturas individualistas de habla inglesa: Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda y tres culturas colectivas de Asia Oriental: Japón, Hong Kong y Tailandia. Su cuestionario contenía declaraciones como: "Me retraso en tomar decisiones hasta que sea demasiado tarde".

Las respuestas revelaron que los estudiantes procedentes de culturas colectivistas  tardaban más  en tomar decisiones que los estudiantes de culturas individualistas. De hecho, los japoneses obtuvieron las puntuaciones más altas en dilatar las decisiones, seguidos por los taiwaneses, los hongkoneses, los estadounidenses, los australianos y los neozelandeses. Las diferencias entre los grupos no fueron tan grandes como se esperaba y sin embargo, estadísticamente si que hubo variaciones.

Joseph Ferrari, Doctor y profesor de Psicología en la Universidad De Paul en Chicago, quien lleva 30 años estudiando la procrastinación, apunta que esta es común en Canadá, Inglaterra, Perú, Austria, Polonia, Italia, Japón y en casi cualquier país del mundo que nos podamos imaginar. Según el artículo Procrastination without Borders, Heather Smith, explica que Ferrari ha realizado investigaciones en Estados Unidos, Australia, España, Turquía y Reino Unido y no ha encontrado diferencias significativas en las puntuaciones de procrastinación ni entre países, ni géneros.

Sin embargo, los métodos de investigación de Ferrari, tienen sus peculiaridades. Trabaja con personas de mediana edad, en lugar de estudiantes porque piensa que el 75% de los estudiantes son procrastinadores. Smith agrega que, Ferrari también recluta a muchos de sus sujetos de investigación en sus conferencias (sobre procrastinación, nada menos) o de las empresas que lo contratan como consultor. Esto tiene como consecuencia que los resultados de sus investigaciones arrojen datos más específicos sobre la población de Estados Unidos que de otros países.

Pasos para combatir la procrastinación

Hay miles de páginas webs, libros y artículos que te dan tips sobre cómo combatir la procrastinación. Yo te daré algunas ideas basadas en lo que a mi me ha funcionado.

1.     Percibir la procrastinación de forma neutra: no es buena ni mala y no está presente en cada momento de mi vida. Cuando aparece la interpreto como una señal para buscar mi bienestar emocional. ¿De qué me sirve hacer algo que me gusta y no disfrutar al 100% porque tengo la sensación de que tengo una piedra en el zapato?

2.     Utilizar un lenguaje compasivo: los alcohólicos anónimos cuando dejan de beber siguen llamándose alcohólicos porque son conscientes de su vulnerabilidad y de que en cualquier momento pueden volver a beber. Yo hago lo contrario, no me declaro procrastinadora el 100% de mi tiempo. Asumo que procrastino en determinados momentos.

3.     Técnica de los 2 minutos: me la enseñó Jaime Bacás. Consiste en realizar una actividad solo durante 2 minutos. Una vez que empiezo no puedo parar y esos dos minutos se multiplican por 10.

4.     Momentos de procrastinación: esta es una técnica adaptada del libro “Adiós, Ansiedad”, del Dr. David Burns. En el mismo el Dr. Burns propone escoger de forma deliberada momentos para sentirse ansioso. En mi agenda, siempre incluyo espacios de procrastinación que aprovecho para “whatssapear” o “intercrastinar” y luego continúo con mis tareas.

 Conclusiones

1. En los estudios que he leído sobre la procrastinación  en relación a sus causas, mecanismos, síntomas físicos, psicológicos y herramientas para combatirla las respuestas no son las mismas. Al contrario, hay muchas variaciones dependiendo de quién dirige la investigación, que metodología utiliza y en que país se realiza.

2. La procrastinación debe estudiarse desde una perspectiva psicológica y antropológica. Es conveniente tener en cuenta dimensiones culturales como la percepción del tiempo, las  culturas individualistas y colectivistas, las jerarquías, los valores y creencias de cada país.

3. Sobre la base de los estándares que se manejen en cada cultura se deben adoptar diferentes formas de percibir la procrastinación y sortear sus obstáculos. Por ejemplo, en Indonesia los subordinados se acoplan a la agenda del superior. Este pude dilatar el cumplimiento de las tareas el tiempo que considere oportuno.  En Japón, la autocrítica es una virtud. Por lo tanto, se percibe positivamente que un empleado se defina como procrastinador.

5. Desde el punto de vista psicológico, como apuntan Becerra y David, hay que considerar las complejas interacciones entre los componentes cognitivos, afectivo-motivacionales y conductuales.

6. Alegre (2014)  sugiere la necesidad de utilizar modelos explicativos y de evaluación e intervención diferenciales, no solo según los tipos y niveles de esa conducta, sino también atendiendo a aspectos relativos al desarrollo, la biología, el aprendizaje, la motivación, las características cognitivas y las circunstancias ambientales y sociales que rodean a quien procrastina.

7. Hemos procrastinado siempre y en todas las culturas. Hay muchas anécdotas que describen a procrastinadores que han cambiado la historia de la humanidad como Leonardo Da Vinci. Algunos sitúan el origen de la procrastinación en el budismo. Cuentan que Ananda, aprendiz directo de Buda, procrastinó durante mucho tiempo y dejó que su maestro falleciera sin preguntarle información relevante sobre los diferentes tipos de votos que hay en el budismo.

“Algunas personas aseguran que dejan las cosas para el último minuto a propósito porque trabajan mejor bajo presión, pero aquellos que de verdad procrastinan sufren con el retraso”.

Mercedes Valladares Pineda
Psicóloga Experta en Coaching Transcultural
Whatsapp +34 666 090 580

ACERCA DE LA AUTORA

MERCEDES VALLADARES PINEDA, trabaja en Madrid de forma presencial. Y, a través de plataformas on line, a nivel internacional. Facilita procesos de coaching personal, de negocios y formación a medida a empresas y "one to one" a individuos. Utiliza la psicología y la cultura como dos herramientas que se retroalimentan mutuamente. Por ello, actúa como facilitadora de integración a las personas que quieren adaptarse a otra cultura en tiempo récord para sacar el mejor rendimiento económico y personal durante su estancia en otra cultura. Asimismo, ayuda a parejas mixtas a superar barreras culturales que producen malos entendidos. Ha creado su propio modelo de trabajo inspirado en la Psicología Humanista y el respeto a los Derechos Humanos. Trabaja con expatriados, cooperantes internacionales, ONG, escuelas de negocios y universidades, diplomáticos, cónyuges de diplomáticos y familias de expatriados que necesitan orientación en una nueva cultura.


jueves, 9 de noviembre de 2017

¿Por qué los latinoamericanos piensan que los españoles tienen un estilo de comunicación directo?



¿Por qué los latinoamericanos piensan que los españoles tienen un estilo  de comunicación directo?

Una de las ideas más comunes que  tienen muchos ciudadanos latinoamericanos es que los españoles tienen un estilo de comunicación muy directo en su forma de hablar.

El estilo de comunicación es el modo en que hablamos, reaccionamos y nos expresamos con las personas en entornos  y situaciones diferentes de nuestra vida. El estilo va acompañado de nuestro lenguaje no verbal - gestos y tono de voz-.

Según algunos autores hay dos estilos de comunicación: directo e indirecto. 

El primero se produce cuando una persona expresa con claridad sus pensamientos, opiniones y sentimientos. Por ejemplo: “No me gusta la carne”.

El segundo se manifiesta cuando una persona se expresa con circunloquios e ideas vagas que  se contradicen entre sí y conducen a errores en la comprensión de los pensamientos, opiniones y sentimientos de sus interlocutores. Por ejemplo: “A veces como carne, otras veces no y hoy no sé si voy a comer carne”. ¿En qué quedamos?

Principales diferencias entre el estilo de comunicación entre españoles y latinoamericanos

Españoles/Latinoamericanos

Se expresan de forma más informal“tutean”./Se expresan de forma más formal, utilizan el “usted”.

Utilizan un tono de voz alto e imperativo./Utilizan un tono de voz más suave.

Mueven mucho las manos mientras hablan./Mueven las manos de forma más moderada.

Utilizan con menos frecuencia las fórmulas de educación: buenos días, buenas tardes, buenas noches, gracias, por favor, de nada, etc. /Utilizan con más frecuencia estas fórmulas de educación.

Se utilizan poco los títulos profesionales: doctor, abogado, licenciado, etc. /Estos títulos se utilizan con más frecuencia.

Al hilo de estas diferencias, recuerdo que durante una formación sobre coaching transcultural en Madrid, me llamaron la atención algunos comentarios de un grupo de latinoamericanos que venían de Chile, Colombia, Brasil y Ecuador. Una participante chilena decía: “Ahora vamos a hablar al estilo español” y a continuación imitaba a los madrileños: “Ponme una caña”.

No me extraña su asombro porque es posible que en Latinoamérica al ir a un bar, cafetería o restaurante, la misma petición se haría de forma distinta: “Hola, buenos días, ¿por favor, sería tan amable en ponerme una caña?"

El cambio cultural que se ha producido en España en los últimos años y la llegada de la democracia, provocó una distensión en el uso algunas costumbres, así como la desaparición  ciertos formalismos. 

Hoy en día el “tuteo” se utiliza por personas de todas las edades, incluyendo a los niños que se dirigen a los mayores. Se ha eliminado el tratamiento de doctor o profesor que acompaña a quien detenta títulos universitarios y prescindimos de las normas de cortesía esenciales como dar los "buenos días" antes de iniciar una conversación.

Si a todos estos factores le sumamos un tono de voz imperativo acompañado de gesticulaciones expresivas, es lógico que los latinoamericanos interpreten que se trata de un estilo de comunicación directo.  

¿Realmente los españoles son directos?

Depende de las circunstancias, del entorno en que se encuentren y de la región de donde provengan. Los gallegos son conocidos porque responden con otra pregunta.

Mira este ejemplo: Pregunta: “¿Quieres tomar el sol otoñal mañana?”. Respuesta: “¿A qué hora te vendría bien?”.

Los españoles son muy directos a la hora de expresar desagrado en las situaciones que consideran que no van a tener consecuencias negativas a largo plazo, como en el ejemplo citado arriba que consiste en decir abiertamente que no les gusta un plato de comida o determinado restaurante. O por ejemplo, cuando se sienten desagraviados o interpretan que han recibido un trato injusto: si una persona no respeta el turno en una fila, es increpada de forma directa.

Sin embargo, en otras situaciones no son tan directos o quizás más contenidos. Cuando un español no tiene claro lo que quiere hacer, hay intereses laborales o económicos de por medio o le preocupa ofender a alguien, tiene un estilo de comunicación indirecto.

En un taller que impartí la semana pasada sobre estrategias para lograr el éxito en mujeres emprendedoras y expatriadas en España una de las participantes comentaba que cuando un español no quiere quedar con otra persona utiliza frases vagas como: “lo vamos viendo”, “nos llamamos”, “confirmamos la cita un día antes”, etc.

Y como estas puedo citar otras frases que se utilizan con cierta frecuencia en España y que pueden dar lugar a confusiones o malos entendidos: “me da igual”, “como quieras”, “te llamo luego” (y esa llamada no se sabe cuando se va a producir), “tenemos pendiente vernos”, “buscamos otro momento”,  (y no se concreta la fecha), “tú verás”, etc.

Podemos concluir entonces que:

1. Cuando hablamos de las similitudes y diferencias en los estilos de comunicación de diferentes culturas, estos estilos no solamente varían entre países y culturas, sino entre las personas y su personalidad.

2. Es importante entender la diversidad en los diferentes estilos de comunicación en cada región de un mismo país.

3. Tener un estilo de comunicación directo no implica hablar en tono imperativo, omitir fórmulas de educación, tutear, etc. Tiene que ver con transmitir de forma clara un mensaje.

4. El filósofo alemán Herman von Keyserling, decía que: “generalizar es siempre equivocarse”. Por esta razón,  no podemos decir que todos los españoles son directos. O en su caso, que todos los latinoamericanos son indirectos.

“Entender el estilo de comunicación en una nueva cultura es como un puzzle que hay que ir armando con tiempo y paciencia”.



Mercedes Valladares Pineda
Psicóloga Experta en Coaching Transcultural


ACERCA DE LA AUTORA

MERCEDES VALLADARES PINEDA, trabaja en Madrid de forma presencial. Y, a través de plataformas on line, a nivel internacional. Facilita procesos de coaching personal, de negocios y formación a medida a empresas y "one to one" a individuos. Utiliza la psicología y la cultura como dos herramientas que se retroalimentan mutuamente. Por ello, actúa como facilitadora de integración a las personas que quieren adaptarse a otra cultura en tiempo récord para sacar el mejor rendimiento económico y personal durante su estancia en otra cultura. Asimismo, ayuda a parejas mixtas a superar barreras culturales que producen malos entendidos. Ha creado su propio modelo de trabajo inspirado en la Psicología Humanista y el respeto a los Derechos Humanos. Trabaja con expatriados, cooperantes internacionales, ONG, escuelas de negocios y universidades, diplomáticos, cónyuges de diplomáticos y familias de expatriados que necesitan orientación en una nueva cultura.




miércoles, 18 de octubre de 2017

Tres conceptos con una palabra en común: cultura


Tres conceptos con una palabra en común: cultura

El pasado 12 de octubre día de la Fiesta Nacional de España, los miembros de una Iglesia Evangélica en San Fernando de Henares, me invitaron a impartir un taller sobre las diferencias entre la interculturalidad y la transculturalidad. 

Les sugerí que también era oportuno agregar el término de multiculturalidad, ya que de esta manera, se podría comprender de forma más completa, como gestionamos nuestras relaciones con personas diferentes a nosotros. 

Comencé mi ponencia, puntualizando: “Si os fijáis, en estos tres conceptos hay una palabra en común, que es CULTURALIDAD y esta, contiene la palabra clave de esta charla  que es la CULTURA.

¿Cuántas culturas hay en el mundo?, - pregunté.

Un chico que estaba sentado al fondo de la sala; - contestó: “Hay tantas culturas como personas en el mundo”. ¡Y cuanta razón lleva! La cultura es tan difícil de definir como lo es el liderazgo. Hay miles de definiciones de ambos términos y todas coinciden o disienten en algo.

En el caso de la palabra “cultura” -los estudiosos de la materia- como sociólogos y antropólogos han hecho muchas interpretaciones.

Si me pongo más quisquillosa podría decir que en la actualidad hay 7,350 millones de  culturas, ya que según los datos que arrojó mi búsqueda de Google el día 11 de octubre -en el momento en que preparaba mi presentación- la ONU en el 2015, la CIA en el 2016 y el reloj de población en tiempo real Census Government en el 2017, apuntaban que en el mundo había esta cantidad de personas.

¡Hay muchas culturas dentro de cada uno de nosotros! 

Carl Jung decía que somos seres multiculturales: tenemos una cultura familiar, una organizacional, una religiosa, una nacional, una regional, etc. y esta combinación de culturas internas es precisamente lo que nos hace tener nuestra propia cultura individual. 

Definición de cultura

De todas las definiciones de CULTURA que he leído, la que más me gusta porque me parece bastante completa, es la de la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura y reza así:

“Es un conjunto de rasgos distintivos espirituales, materiales, intelectuales, afectivos que engloban: LAS ARTES Y LAS LETRAS, LOS MODOS DE VIDA, LOS DERECHOS FUNDAMENTALES AL SER HUMANO, LOS SISTEMAS DE VALORES, LAS TRADICIONES Y LAS CREENCIAS…que caracterizan a una sociedad o a un grupo social.

Si encajamos esta definición a la que hace el antropólogo Edward T. Hall quien compara la cultura con un iceberg, en el que en la punta están los aspectos visibles de la cultura, estaríamos hablando de las artes y las letras, los modos de vida y los derechos fundamentales del ser humano.

Y en la parte inferior, estaría lo invisible que son los valores, las creencias, y las tradiciones.

La cultura une y separa a la vez…

Por un lado, une a los grupos de personas que comparten características en común. Y por el otro, separa a las personas que no comparten esas características.

Asimismo, dentro de un grupo cultural mayoritario hay sub-grupos que se unen y sub-grupos que se separan por tener diferentes ideologías políticas, creencias religiosas, aceptación o rechazo a determinada orientación sexual, etc. No en vano a Winston Churchill, se le atribuye la frase: “Aquello que nunca se debe hacer en público, es hablar de sexo, política o religión”. 

Una vez que tenemos claro lo que es la cultura, vamos a explorar los otros conceptos que nos interesan en este artículo. 

Interculturalidad

Según Francoise Cavalié Apac, la interculturalidad es la interacción e intercambio entre diferentes grupos, comunidades o culturas de un modo horizontal y sinérgico. Esto se traduce en que ningún grupo es superior a otro y esta condición favorece la integración y la convivencia armónica entre individuos de diferentes culturas, edad, clase social, sexo, género, etc. 

Podemos citar como ejemplos, la interacción entre un niño y un anciano o entre un pobre y un rico. Los valores de la interculturalidad son el respeto hacia la diversidad, el diálogo y la concertación cuando se presentan conflictos ya que estos son inevitables entre grupos diversos.

Multiculturalidad

Según Wikipedia este término surgió en el mundo afroamericano como un modelo de política pública y como una filosofía o pensamiento social de reacción frente a la uniformidad cultural en los tiempos de la globalización. La multiculturalidad es la existencia de varias culturas en un sentido amplio que abarca: la religión, la lengua, la raza, etnia o género y se caracteriza porque todas estas culturas conviven en un mismo espacio físico, geográfico o social.

Esto se traduce, en que no existe una influencia o intercambio importante entre ellas y como consecuencia se crean comunidades aisladas como los barrios italianos, chinos, marroquíes, etc. que existen en algunas grandes ciudades sin o con muy poco contacto con la comunidad local. Podríamos citar a los barrios latinos en algunas ciudades estadounidenses. En Miami, hay zonas habitadas por comerciantes cubanos. Los valores de la  multiculturalidad son el respeto y tolerancia a la diversidad cultural. 

Transculturalidad

Este concepto se le atribuye al antropólogo cubano Fernando Ortiz Fernández. La transculturación es un fenómeno que ocurre cuando un grupo social recibe y adopta las formas culturales que provienen de otro grupo.

Desde mi punto de vista este concepto puede tener tres interpretaciones:

La primera, es cuando la transculturación se produce a la fuerza, como los procesos de conquista que se han dado en todas las culturas a lo largo de la historia. Aún hoy, algunos ciudadanos de países latinoamericanos lamentan la pérdida de sus valores y la sustitución de estos por otros. Algunas culturas politeístas fueron obligadas a adoptar religiones monoteístas como la católica.

La segunda, es cuando un grupo social recibe y adopta las formas culturales que provienen de otro grupo. Es decir que, los grupos sustituyen en mayor o menor medida sus propias prácticas culturales. Yo diría que este tipo de transculturación ahorra tiempo y energía emocional porque si convivimos con personas de otras culturas, expresar lo que queremos desde nuestra propia perspectiva cultural puede llegar a ser desgastante. 

Una de las asistentes del taller de origen ecuatoriano, comentó que se negaba a introducir en su vocabulario el léxico español y agregó que esta actitud le generaba problemas con sus compañeras de trabajo, ya que estas constantemente le pedían aclaraciones sobre su manera de expresarse. 

La tercera interpretación que es con la que yo me identifico, es la postura que toman algunos autores como Wolfgan Welsh, quien opina que la transculturalidad es inevitable. Welsh explica que es una consecuencia de las diferencias internas y las culturas modernas. Añade que, las culturas actuales están extremadamente interconectadas y enredadas entre sí.

Esta explicación me hace imaginar una gran telaraña entretejida por miles de hilos  de diferentes culturas que están compuestos por procesos migratorios, empleados de multinacionales, empresas extranjeras, viajeros, turistas, nuevas tecnologías, sistemas de poder y economías que se combinan entre si y constituyen nuevas formas de relaciones que no habíamos visto en otras épocas.

Como apunta la comunicadora y coach Catalina Gutiérrez Zuloaga en su artículo: “Eres cuadrado o redondo? Sé y deja ser”, hoy en día nos salimos de los esquemas. Podemos ver la foto de una mujer de 60 años que parece de 40, a un niño de 12 años hablar como un señor de 50, a una mujer de 50 montar en bicicleta como una de 15, a personas muy cuidadas físicamente que son muy espirituales y a gente muy espiritual juzgar al de al lado, a una mujer millonaria cogiendo un taxi en la calle, y a una persona con bajos ingresos conducir un súper coche…

Todas estas interconexiones que he mencionado nos hacen reflexionar y redefinir nuestra perspectiva sobre la cultura. La tendencia actual es percibir las culturas como fenómenos híbridos. Por ello, los interculturalistas del siglo XXI van más allá de las culturas nacionales. Tener un pasaporte de un determinado país no garantiza nada. Yo por ejemplo, nací en Madrid, tengo pasaporte español, mis padres son hondureños y mi bisabuelo materno era español. ¿Hondureña o Española? ¡Ciudadana del Mundo! 

Adoptar un determinado modelo de interacción ya no es una opción realista y hacer generalizaciones extremas es peligroso. Lo único que es verdadero es que, ¡No existe nada, ni nadie absolutamente extranjero! En España, conviven personas de muchas nacionalidades y se pueden encontrar productos de diferentes países que antes se consideraban exóticos e inalcanzables. 

Desde mi perspectiva, todos según las circunstancias con las que nos hemos encontrado, hemos sido interculturales, multiculturales y/o transculturales.

Wittgenstein decía: “La cultura está a la mano donde quiera que las prácticas de la vida son compartidas”.

Mercedes Valladares Pineda
Psicóloga Experta en Coaching Transcultural 

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MERCEDES VALLADARES PINEDA, trabaja en Madrid de forma presencial. Y, a través de plataformas on line, a nivel internacional. Facilita procesos de coaching personal, de negocios y formación a medida a empresas y "one to one" a individuos. Utiliza la psicología y la cultura como dos herramientas que se retroalimentan mutuamente. Por ello, actúa como facilitadora de integración a las personas que quieren adaptarse a otra cultura en tiempo récord para sacar el mejor rendimiento económico y personal durante su estancia en otra cultura. Asimismo, ayuda a parejas mixtas a superar barreras culturales que producen malos entendidos. Ha creado su propio modelo de trabajo inspirado en la Psicología Humanista y el respeto a los Derechos Humanos. Trabaja con expatriados, cooperantes internacionales, ONG, escuelas de negocios y universidades, diplomáticos, cónyuges de diplomáticos y familias de expatriados que necesitan orientación en una nueva cultura.


miércoles, 4 de octubre de 2017

¿Machismo, caballerosidad o diferencias culturales?


¿MACHISMO, CABALLEROSIDAD O DIFERENCIAS CULTURALES?

Recientemente, estuve trabajando en un proyecto en Tegucigalpa.  A medida que pasaban los días fui consciente del desconcierto que generaban algunos de mis comportamientos.

En el momento en que un hombre iba a buscarme o dejarme a un sitio, -de forma autónoma- yo entraba y salía de su coche. Con esto quiero decir que, yo no daba pie a que mis acompañantes me abrieran la puerta.

En Madrid, es poco habitual que suceda esto. Recuerdo que cuando trabajé en la Embajada de Honduras en España, el Cónsul, me contó que, en un evento, creyendo actuar con naturalidad, se encontró con una respuesta inesperada de parte de una española, ya que el diplomático le  abrió la puerta para cederle el paso: “tengo brazos para hacerlo!!!”, dijo ella en tono ofendido. 

¡Lo que en un país es positivo en otro puede ser negativo!

A veces, los seres humanos actuamos de forma automatizada y en muchas ocasiones desconocemos el origen de nuestros comportamientos. Algunos historiadores apuntan que esta práctica, es un gesto de galantería que viene de la antigua Grecia. Los hombres adornaban con flores las puertas de sus enamoradas para demostrarles su amor.

Otros afirman que esta cortesía aparece en la realeza británica. A parte de pasear a sus “amos”, los esclavos tenían la obligación de abrirles la puerta. ¡Los caballeros que querían pertenecer a la realeza imitaban sus costumbres!

LAS CONNOTACIONES QUE TIENE ESTE GESTO EN LA ACTUALIDAD EN ESPAÑA

Hay que tener en cuenta el contexto. Dulce María Ortega, Experta en Protocolo y Etiqueta, nos comenta que este comportamiento se reproduce dependiendo del entorno en el que estemos. Si nos desenvolvemos en un ambiente clásico, se percibirá como un gesto de caballerosidad. Si en cambio, nos movemos en un entorno menos conservador, se percibirá como un gesto machista. 

En Tegucigalpa, en un desayuno de trabajo, un Embajador, me abrió la puerta al entrar y salir del coche, y una vez dentro de la cafetería, me adelantó la silla para que me sentara. Al salir, debido a que llovía y para evitar que yo me mojara, me recogió en la entrada, en lugar de ir juntos al aparcamiento. Este es un claro ejemplo, del comportamiento de un diplomático.

Puede dar lugar a interpretaciones erróneas. El psicólogo clínico Javier Arranz, opina que en España esta manera de actuar no es frecuente para evitar malas interpretaciones. Una mujer, la puede interpretar como “paternalista” o “protectora”. En su caso, si una chica sube a su coche por primera vez, le abre la puerta como un gesto “amistoso” de bienvenida. Pero las siguientes veces deja que ella lo haga. En esta misma dirección opina el psicólogo Juan Carlos Serrano, “este gesto está a la mitad del camino entre la caballerosidad y el cortejo”.

En España las mujeres están buscando un trato de “igual a igual”. Las mujeres rechazamos este tipo de “galanterías” o “trato encantador” porque los hombres pueden tener intenciones ocultas como superioridad o  mantener el rol dominante característico de las sociedades patriarcales. Y, es preferible no dejarse camelar por esos comportamientos tan cargados de estereotipos de género.

Los tiempos nos hacen cambiar. Antes los hombres eran educados por sus madres para que fueran “caballeros” con las mujeres. Este hecho, lo podemos constatar con la edad de los hombres. Gorka Arranz López, coach explica: “Depende del tramo de edad y de la comunidad territorial a la que pertenezcas. Los que son mayores de 45 años lo hacen en un porcentaje muy bajo. En los menores de 45 años es imposible”. 

Una compañera de trabajo me comentó que a una conocida suya de 65 años le parece una falta de respeto que no le abran la puerta del coche o que los hombres no se pongan de pie cuando ella se levanta de la mesa.

Otro compañero mayor de 45 años apunta: “a mi me enseñaron a abrir la puerta a las chicas, y como se que los tiempos han cambiado sigo mi intuición y lo hago con las mujeres que sé que no se van a molestar”.

CASOS EN LOS QUE UN HOMBRE LE ABRE LA PUERTA DEL COCHE A UNA MUJER EN ESPAÑA

Este comportamiento se puede dar en las siguientes situaciones:

1.     Si un hombre y una mujer se dirigen al coche, y el dueño del mismo es el hombre, en caso de que el coche esté aparcado del lado de la acera por la que ambos van caminando, el hombre le  abre la puerta a la mujer.

2.     Si un hombre va a buscar a una mujer a su domicilio y tiene que bajarse del coche para llamar al telefonillo, existe la posibilidad de que el hombre le abra la puerta a la mujer.

3.     En el caso de que una mujer mayor, se suba a un coche, un hombre puede abrirle la puerta para hacer deferencia a su edad o bien, la ayuda si tiene un impedimento físico para entrar o salir.

Pienso que en Honduras, los hombres se comportan de esta forma que -ellos interpretan como “caballerosa”-, porque les han educado de esa manera y en ningún momento se plantean que en otros países abrirle la puerta a una mujer puede considerarse como un “micromachismo” que es un comportamiento casi imperceptible que algunos hombres utilizan para hacer sentir inferior a una mujer. 

La anécdota más destacable que viví en relación a este tema en Tegucigalpa fue con un amigo. Entré a su coche sin esperar a que me abriera la puerta. Tomamos un café y al terminar, cuando nos dirigimos a su coche, él se adelantó corriendo y me abrió la puerta. Con una expresión de triunfo me dijo: “los micromachismos no son malos”.

La manera en cómo se perciben estos gestos en diferentes países depende de muchos factores: el hombre, la mujer, la edad, la relación, su intención y su intensidad, la cultura, la educación y el trato que se utilice en cada país para acercarse a una mujer.

Desde mi punto de vista, las mujeres seguimos luchando por nuestra independencia y por recibir un trato de igualdad en todos los ámbitos de nuestra vida. 

Para mí es innecesario que un hombre me abra la puerta, pero si lo hace agradezco su gesto de cortesía y en ningún momento me siento mejor o peor persona. 

Mercedes Valladares Pineda
Psicóloga Experta en Coaching Transcultural

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